martes, 20 de noviembre de 2018

HAY CAMINO, ¡AY!- THERE IS WAY, OUCH!

"The Way of St. James is the Way of the Stars... If you contemplate the stars, you will not see the way.

Light and darkness are face to face.
But one depends on the other
As the step of the left leg
It depends on the pace of the right.

Cāntóngqì, or Sandokai, as it is pronounced in Japanese, is a poem composed by master Chan Shitou Xiqian. Shitou was born in Guangdong, in southern China.

Compostela, Praza del Obradoiro, twenty-eight July, twelve and forty-six noon... 

Each one goes to his own, all close, all distant. Each one goes to his own. 

Distant hearts, distracted spirits: absent glances. And from nowhere emerged the crosses of the Way. They are crosses impregnated with pain and absences; ignored in their essence. 

They are the people of the Galician Platform of People Affected by Hepatitis C. 

The brevity of things is the eternal perfume that impregnates everything. Silence, the essence. Go back to the Way and live your heartbeats without forgetting your place; or your place in it and remember who walked by your side without being seen.

“El Camino de Santiago, es el Camino de las Estrellas… Si contemplas las estrellas, no veras el camino”.

Luz y oscuridad están frente a frente.
Pero la una depende de la otra
Como el paso de la pierna izquierda
Depende del paso de la derecha.

Cāntóngqì, o Sandokai, como se pronuncia en japonés, es un poema compuesto por el maestro Chan Shitou Xiqian. Shitou nació en Guangdong, en el sur de China.

Compostela, Praza del Obradoiro, veintiocho de julio, doce y cuarenta y seis del mediodía… 

Cada cual va a lo suyo, todos cercanos, todos distantes. Cada uno va a lo suyo. 

Corazones distantes, espíritus distraídos: miradas ausentes. Y surgidas de la nada las cruces del Camino. Son cruces impregnadas de dolor y de ausencias; ignoradas en su esencia. 

Son las gentes de la Plataforma Gallega de Afectados por la Hepatitis C. 

La brevedad de las cosas es el eterno perfume que todo lo impregna. El silencio, la esencia. Volved al Camino y vivid sus latidos sin olvidar vuestro sitio; o vuestro lugar en el mismo y recordad quien camino a vuestro lado sin ser visto.
























jueves, 8 de noviembre de 2018

SAKA DAWA III


The "mala" or "yapa mala" is a rosary beads that has 108 beads. In budism and hinduism, the number 108 has a mystical importance, because it is considereated a perfect three digits number, mutliplies by 3 and its addition equals 9, which is 3 times 3.
It is used in the budistic tradition, mainly in tibetan schools, for mantras praying.

"I will pick up every pray until the end of the times, my pilgrim soul will raise them to heaven. Join your hands and open the doors of Shambhala. Leave the Rainbow give colour to your lives".                                                                                                                                                                                                   
                                                                                         J.R. Llavori Romatet 

La mala o yapa mala es un rosario que posee ciento ocho cuentas. En el budismo y en el hinduismo, el número ciento ocho tiene una importancia mística, ya que se considera un perfecto dígito de tres cifras, múltiplo de tres, cuya suma de sus dígitos es igual a nueve, que es tres veces tres.
Es usado en la tradición budista, principalmente en las escuelas tibetanas, para la recitación de mantras.
                                                                                                                            (WIKIPEDIA, La Enciclopedia Libre)

“Recogeré hasta el fin de los tiempos cada oración, y mi alma peregrina las elevará a los cielos. Unid vuestras manos y abrid las puertas de Shambhala. Dejad que el Arco Iris dé color a vuestras vidas”.
                                                                                                                                                               J.R. Llavori Romatet


















jueves, 18 de octubre de 2018

ZUMAIA, UNA LUZ EN EL CAMINO DEL NORTE- ZUMAIA, A LIGHT ON THE WAY TO THE NORTH

Tener una idea interiorizada de la naturaleza impermanente de nuestro cuerpo nos permite apreciar mejor el tiempo y el momento presente. Reconocer lo que somos y en este mismo sentido aprender a relacionarnos con las cosas sin aferrarnos demasiado a estas.


“La impermanencia es la cualidad central de la existencia. Todo cambia. Nada se mantiene igual”. 

(De las Escrituras Eremitas)


En el Movimiento Universal nada tiene comienzo; tampoco final.

Doy mis primeros pasos con los albores del día. Aprecio cómo su luz va cambiando, pero es mi guía.

Yendo por Arrukale, se llega a un punto de nombre evocador: Ama Birjiña Bista. Antiguamente, antes de que construyeran el Castillo de Foronda, se podían contemplar desde aquí la ermita de Arritokieta, la parroquia de Zumaia, la ermita de Santiago, y a lo lejos, y con el monte raso, la iglesia de Askizu, la iglesia de San Miguel de Artadi y la ermita de San Lorente.

Este nombre tan evocador, curiosamente, se repite en un promontorio cercano del barrio de Elorrixa. Desde este punto se pueden contemplar la iglesia de Itziar y la ermita de Elorrixa. También la iglesia de Arrona Arriba, la ermita de Ibañarrieta y, por último, la ermita de San Lorente.

Pero volvamos atrás. 

Una vez pasado el barrio de Gautxori, las primeras pendientes nos acercan al caserío Iparre. Cerca de allí, debajo de un roble, hay un pequeño monolito de cemento en recuerdo de Esteban. En él se lee: El Sol necesita la Luz, las Alas el Viento del Norte…

Seguimos ascendiendo. La mañana nos regala sus mejores vestimentas: doradas y evocadoras, de cierta languidez, por su brevedad.

La pendiente continúa. Aparecen ante nosotros el caserío Sarrondo y su pequeña higuera a la izquierda, al borde del camino. Sus frutos más pequeños son pura dulzura: hidromiel, creo yo…

- Que no nos vea el casero. Con razón puede enfadarse.

Sus hojas han comenzado ya a enmarronarse: la impermanencia camina cerca de nosotros.

Después, el caserío Endañeta. Desde su pórtico salen a nuestro encuentro ladrando la perra Beltxi (Negra) y su hija Manuelita. Son fruto del mestizaje. Lo digo por su raza: “ratoneros”; para mí indefinida, pero de cierta belleza. Y seguimos subiendo, aunque la cuesta parece un “falso llano”. Porque no es llano; sigue siendo cuesta.

En los prados cercanos al caserío San Martin, las “limusin” (raza de ganado rubio-rojiza y elegante) nos observan con ojos de esfinge. Aprovechándose de sus bostas, una bandada de níveas garcetas (hoy he contado veinticuatro) se alimentan de los invertebrados que se reproducen en ellas. Por supuesto hablo de las bostas. ¡Buffet libre!

Son aves asustadizas que levantan el vuelo a nuestro paso, y su evolución aérea y silenciosa es todo un espectáculo. Entre sus plumas se irisa la luz de la mañana. Seguimos con la impermanencia.

El caserío Saskarate queda ya a nuestras espaldas; más adelante aparecen el caserío Andika y, a lo lejos, el caserío Pikote, entre dos lomas. La sombra de nuestro cuerpo, que antes iba delante de nosotros, ahora va en el lado izquierdo. Impermanencia: es su consecuencia.

En un continuo aparecer, aparece el caserío de Agerre y, más adelante, el de Santa Klara. Este lugar tiene como virtud primordial ser una atalaya para hacer sentir cómo dentro de nosotros surge la belleza: la belleza del Mar Cantábrico. A sus pies, Zumaia. El caserío Amets-Mendi, también en otro altozano, tiene similar virtud. Me imagino desde aquí las luces del amanecer, las de la puesta del sol, y las luces de las estrellas en una noche de luna llena… Respiro profundamente: todo cambia.

Cerca del camposanto, a la vera del Camino, hace un tiempo, Manuel Mari Garate esculpió una roca de granito y le dio forma de monolito: Setecientos sesenta y tres (en números) km, Done Jakue Bidea (Camino de Santiago) y una flecha en dirección a Compostela.

Dejamos a un lado la ermita de Arritokieta, una de las vírgenes del camino y, bajando por una senda de hierba, llegamos a Kastor Enea. Dejándola a la derecha seguimos bajando, y entre barro y rocas kársticas alcanzamos el caserío Ardantza en Ardantza Bide, ya cerca del final de la mañana. 

Más adelante, por un camino de tierra y piedras, después de Ardantza Bide, llegamos a Algorri; una cala de piedra. Antiguamente en Zumaia se la conocía como la playa de los Curas; creo que también era la playa de las Monjas. Y después de subir una pendiente, cresteando por los acantilados del Flysch, también llamado Aitzgorri, llegamos a la ermita de San Telmo. Y desde este lugar a mi casa.

- No voy: Vuelvo; siempre vuelvo.

Ha quedado un relato, digamos, algo extenso. Para mis amigos de habla inglesa, les recomiendo “un” copia-pega, y gracias a este enlace que aquí acompaño tendrán una buena traducción, casi fidedigna.

There's a story left, let's say, something extensive. For my English-speaking friends, I recommend "a" copy-paste, and thanks to this link that I accompany here will have a good translation, almost reliable:


Esta vez no hay música. Seguramente “ella” aparecerá sin partituras dentro de todos nosotros al contemplar las imágenes. Aunque quizás iría muy bien el Dueto de Adán y Eva de la Creación de Haydn.