domingo, 5 de marzo de 2023

Camino de otoño-A Fisterra e Muxia I-Autumn Way

Universo gravitando,
Camino firme.
Luz del mundo.

Del libro Hacia Rutas Salvajes (1996) de Jon Krakauer (Brookline, Massachusetts, 1954)

- Cada vez estoy más seguro que siempre seré un caminante solitario que vaga por tierras salvajes. ¡Dios mío, cómo me atrae el camino que tengo ante mis ojos! No puedes entender la irresistible fascinación que ejerce sobre mí. Después de todo, la mejor senda es la más solitaria (…). Jamás dejaré mi vida itinerante. Y cuando llegue mi hora encontraré el lugar más agreste, solitario y desolado que exista.
(Everett Ruess, 1932)

Verso libre,
líneas torcidas.
Vacío.

- De mi pequeño diario, de Compostela a Fisterra y Muxia.
Hay un precepto no escrito en el Camino: si durante un tramo no ves la flecha amarilla, vuelve sobre tus pasos, hállala y camina de nuevo. Me extravié, la mente se me fue por los caminos del aire. Coloquialmente: estaba en la nube… En ese mismo lugar, después de Compostela, en Sarela de Abaixo, hace años me pasó exactamente lo mismo. Tuve, pues, un déjà vu (ya visto) que me llevó a ese tiempo pasado. El resultado: quinientos de ida, quinientos de vuelta… En el Camino el kilómetro no es de mil metros. A veces, según el día que tengas, es de mil uno, mil dos, o quizás, de mil tres…

- Escatología humorística. Micción, del latín mictio o mingere… 
Ya en Augapesada, en el bar Cruceiro, en el water close hay un letrero especialmente dedicado a los manneken pis: Por favor, acérquese al inodoro, no la tiene tan grande como usted cree. Ahora me viene a la memoria otro letrero también llamativo, en Villarente. Era una baldosa de cerámica esmaltada que estaba colocada en el quicio de la puerta del WC, ponía: Sala de Lectura…

Ana, la amable posadera, estando yo dando cuenta de unos sabrosos macarrones a la boloñesa con atún, viéndome como disfrutaba de ese momento de esparcimiento y de la consiguiente cabezadita, me dijo: recuerda que tienes que subir el Alto do Mar de Ovellas (ovejas). La verdad que no vi ninguna oveja. Pero el buen día, los colores, los aromas a bosque vívido no invitaban a caminar, pero sí a retozar. Quizás a soñar.

Estruendo,
aguas impetuosas.
A Ponte Maceira.

El río Tambre es un maestro cantero de piedras negras. Sus aguas dan forma a las enormes rocas que en este lugar encauzan el río. Son inamovibles por su eternidad. En este espacio fascinante, en el que prevalecen las piedras, se topan los cuatro vientos.

- Negreira a Olveiroa.
Según la guía electrónica que vengo consultando, esta es una etapa de subidas moderadas. Seguro que quienes la han confeccionado la recorrieron después de una noche de meigas y queimada. Hay un lugar que se llama Alto da Pena. Sí, da pena penita pena. Bosques de castaños, robles y algún pino distraído. También los sempiternos eucaliptos, con sus hojas verdes, largas y sinuosas, que preñan todo el espacio de aromas a menta. Y más adelante, el monte Aro. A media mañana, parada y fonda en un bar de Vilaserio. No hay nada más gratificante que un buen caldo gallego servido en taza de barro. Este tipo de recipiente es idóneo para conservar el calor de esta pócima milagrosa, que bien podría llamarse levantaburras

- Por fin, Olveiroa.
Una joya del Camino con luz propia. Luz atemporal, belleza pétrea, con hórreos de muro seco y piedras negras. Construidas piedra sobre piedra, sin ningún tipo de argamasa, se asemejan, por la técnica empleada, a las construcciones de los incas, maestros en este tipo de arquitectura imperecedera. El albergue de Olveiroa, una antigua escuela, es como una ínsula, pero no marina, sino pétrea. Las piedras crean un ritmo muy especial, su fortaleza suscita protección, da cobijo a todos los que se acercan a ellas. Los sueños que aquí se generan alejan las inquietudes y alivian todos los cansancios. Mañana a Corcubión, quizás a Cee. Una calle los separa, o quien sabe, los une. Volvemos a los orígenes marinos. Continuaremos peregrinando…

Hace frío,
plata irisada. 
Silencio.

“…Y entonces, cuando abrimos los ojos a orillas del tiempo increado, cuando la deslumbrante oscuridad se abre paso a través de las lejanas colinas del tiempo, llega la hora de apartar cosas como nuestra razón o nuestra voluntad; llega la hora de regresar a casa.”
(Annie Dillard, Pittsburgh, Pensilvania, 1945)


Sociedad, ten misericordia de mí.
Espero que no estés molesta si no estoy de acuerdo…
Sociedad, loca efectivamente,
espero que no estés sola sin mí…






























jueves, 9 de febrero de 2023

Camino de otoño-Compostela-Autumn Way

Libro V, Guía del Peregrino Medieval del Códice Calixtino. Capitulo XI.
De cómo los peregrinos de Santiago hayan de ser recibidos.

- Los peregrinos, tanto pobres como ricos, han de ser caritativamente recibidos y venerados por todas las gentes cuando van o vienen de Santiago. Pues quienquiera que los reciba y diligentemente los hospede no sólo tendrá como huésped a Santiago, sino también al Señor: El que os reciba a vosotros, me recibe a mí.

Remembranzas del Camino (de mi pequeño diario).
Ocho de diciembre, día dieciséis en el Camino, de O Pedrouzo al Obradoiro, Compostela.

Cocido gallego,
plato rebosado.
Noche negra.

Por sabido y no enterado, pásame lo mismo. Como una partitura inconclusa: nocturno alevoso. Y hoy en el albergue maitines fuera de todo sentido. A las cinco de la mañana concierto con los virtuosos de Ekaterimburgo. Plásticos por doquier con un punto absurdo de fuga. Algunos tienen mucha prisa. Las calles sin luz y el camino en sombras tenebrosas. La luna entre nubes; su luz oculta, y la del alba todavía trasnochada. El amanecer aún no ha hallado su lugar en este universo lleno de ansiedades. Esperan llegar a la misa de peregrinos de las doce en la Catedral. Aunque también hay misa del peregrino a las siete treinta de la tarde…

¡Sálvese quien pueda! Esta lluviosa mañana el sol ha salido a las ocho y cincuenta. Ya me contarás. Los peregrinos extranjeros, alucinados, se preguntaban qué pasaba.

De una página sobre el Camino en Gronce:
Amenal. Cruzamos el bosque donde se proyectó el polígono industrial de O Pino, que generó una enorme polémica en su momento: no se construyó porque quebró la empresa promotora. El bosque fue talado. Sigue talado.

Bosque arrasado,
no hay pájaros.
Alma en pena.

Seguimos acercándonos a Compostela. El camino se vuelve extraño: el espacio no es el mismo, ahora no hay árboles que nos protejan. Pareciera que los galaicos llevan esto de la desaparición de los bosques en sus venas. Si no es talando a motosierra, lo es por obra y gracia de los fuegos fatuos. Que de fatuos no tienen nada, claro, pues los bosques se volatilizan. 

Encuentros del Camino. Antes del pueblo de Lavacolla, a la salida de un bosque mínimo, me cruzo con un peregrino checo. Él viene de vuelta. Salió de Praga el cinco de noviembre del 2019, y lleva más de tres años fuera de su hogar. Se llama Viktor, y su perro se llama Oldo, un border collie. Ha gastado diez pares de botas y zapatillas. En Fisterra es conocido como “Víctor el checo”. Ha estado viviendo veintiún meses contemplando el mar… Faltan 10,140 km para llegar a Compostela.

Y ya estamos en Compostela. En la Rúa San Pedro, tramo final del Camino, hay una tienda de abastos. Se llama A Despensa. Carlos, tiene como hábito escribir frases, pensamientos filosóficos, para compartir la cierta riqueza humanista que atesora. Escribe con tiza en un tablero que cuelga públicamente a la entrada. La frase de hoy:

El abrazo de un nieto calma el corazón, reduce el estrés y cura todos los males. (Capfun).

En la acera izquierda de la Rúa yacen en el suelo unas cuantas hojas de arce. El agua de lluvia hace irisar sus colores. Yo, en mi ignorancia, me pregunto cómo hojas de un mismo árbol pueden tener tan diversos colores.

Mar de nubes,
ramas desnudas.
Sol frío.

Sigo caminando. Antes de arribar a la Praza do Obradoiro me detengo bajo las arcadas de la Puerta del Obispo, donde gracias a su especial sonoridad, puedo disfrutar de un instante de belleza musical compartida. El gaitero se llama Yago. Ella se llama Noa. La Praza espera. Puede esperar. De hecho, ha sido secularmente paciente.

Me he alojado en el albergue del Seminario Mayor de San Martín Pinario, justo al lado de la Catedral.

Me dedico a callejear, sin prisa y sin rumbo, antes de la misa vespertina. Tengo la fortuna de compartir con la comunidad de las Madres Benedictinas el oficio de Completas en el Mosteiro e Igrexa de San Paio de Antealtares, que está en la Via Sacra. Lo inesperado, precisamente por inesperado, es un regalo.

Ya es de noche. La humedad y la soledad reinan entre las agrestes piedras ya silenciosas. El Cine Yago, en el número 51 de la Rúa do Vilar, tiene un suelo enmoquetado de cartón. Ahora se encuentra acondicionado como lecho para las gentes que viven en la calle. Ellos se refugian en este albergue de su singular Camino. Por cierto, según un periódico, van a colocar una valla metálica…

Uno de ellos se llama José. Tiene cincuenta y cuatro años y es de Lugo. Lleva viviendo en la calle siete años. Vivía con su mujer en su casa de Lugo, al lado de la estación. Ella murió de cáncer con cincuenta años. A José lo desahuciaron por las deudas. Es un habitual de la “Cocina Económica de Santiago”. Esta cocina fue creada para dar de comer a los transeúntes sin domicilio. Hoy tocaba judías con patatas, pescado frito y naranjas… Su vicio: fumar. Tabaco para liar Eastwood. Me dice que es el más barato. Le hice un regalo…

Presente continuo. La perra se llama Kira; es de la raza Pastor Inglés. Estaba esperando ante la puerta de Cáritas Santiago. El cacito está vacío, tan solamente lleno de aire. Dicen que también alimenta. Kira asimismo vive en la calle.

Hay un tiempo para peregrinar. Hay otro tiempo para caminar. Compostela no es el final del Camino.


Al otro lado del mar,
es allá donde te he de encontrar,
no sé cómo ni cuándo, 
pero te voy a buscar.



























domingo, 15 de enero de 2023

Camino de otoño (sin parar) - Autumn Way (non stop)

Cielo límpido,
nubes en fuga.
Sol frio.

“Para esa edad de oro, que es como una isla espiritual caída del cielo. Por ella camina el corazón del poeta, y se encuentra allí tan a su gusto, que su mejor deseo sería no tener que abandonarla nunca. En el sol blanco del amanecer”. 
(Juan Ramón Jiménez)

Hoy en Foncebadón, atardecer rojo, y mañana en la Cruz de Ferro, morning gloryus (amanecer glorioso) donde el Cielo y la Tierra se unen. Nueve de la mañana, veintisiete de noviembre, Año Santo dos mil veintidós; tres bajo cero. Si ya somos pocos, a esa hora menos seremos. Observo con tristeza a peregrinos cabizbajos pasando de largo con las manos en los bolsillos. 

¿A dónde irán? Amanecer rojo.

No se detienen. Pasan a un lado del montículo de oraciones, las piedras están frías y calladas: 

Mástil de madera, 
leño ignorado. 
En su cima, hierro humillado.

Una oración de Serge, Tierra de Dios, Piedra sobre piedra:

Déjame amar con el corazón en llamas, sin miedo y sin condición.
Desde el más lejano y más pequeño pensamiento de mi espíritu.
Déjame amar con compasión.

¿Qué pensaríais si a lo largo de la mañana, camino a Villafranca del Bierzo, después de Cacabelos, en diferentes horas y lugares, contemplaras en el cielo hasta nueve veces el Arco Iris…? 

Tierra roja, de viñedos cosechados. Las parras están repletas de hojas multicolores que destilan luz. Son como alambiques sagrados.

Belleza inalterable,
Ocres y malvas.
Luz eterna.

Oda a una concha:

- Si por un casual, volandeiras, zamburiñas, o quizás vieiras voladoras de nácar puro en una mesa se posaran, recuerda mi amigo, que yo por ellas suspirara. Lo digo por sus conchas, que como bien preciado, tú guardaras. 

Camino oscuro,
luna oculta.
Estoy perdido.


Vangelis, Mythodea (Mito y Oda), Movement 9, 2001.


Algunos Hitos del Camino, por orden de aparición:

José, el peregrino de Coímbra, Portugal. Poseedor de una dulzura contagiosa y con el talento de demorar el tiempo. Georg, escritor y dibujante, peregrino alemán de Stuttgart. José de Barcelona, del albergue Ultreia de Castrojeriz, un erudito del Camino y transmisor de su verdadero sentido. En Santa Catalina de Somoza conocí a una niña, Marina, y con un trazo y dos puntos en una servilleta de papel me regalo una sonrisa. Paola, de Pescara, la hospitalera italiana del albergue Parroquial Domus Dei de Foncebadón. En ella se personifica la bondad. Una protectora: Santa María de Vizbayo, es el nombre de mí habitación en el Albergue Parroquial San Nicolás de Flüe de Ponferrada. El hospitalero Angelo, llamado Gotzon, de Fuscaldo, Italia. Él me hizo recordar el sentido y la sensibilidad de la canción de Mikel Laboa, Txoria Txori. Jan, el peregrino checo. Venía caminando desde Praga, Chequia. Parecía tener el don de la ubicuidad. Le gustaba caminar de noche contemplando el firmamento y experimentando el frio; dormía a la intemperie. Sara, la dulce Sara, y el milagro que obra en sus manos una taza de vino fresco y oloroso. Un godelo. Condegalo se llama, en la Moncloa de San Lázaro en Cacabelos. Jesús Jato, y el significado de una palabra: desprendimiento. Y el poder de sus manos. Alma mater del Albergue Ave Fénix de Villafranca del Bierzo. Alekxandra, peregrina polaca, su periplo comenzó en Warsaw, Polonia. Marcus y Daniel, peregrinos austriacos, comenzaron a caminar desde Klagenfurt, Austria. Los cuatro compartimos una maravillosa cena en el Albergue Pequeño Potala. Es la casa de Luis Miguel y Carlos. Ahora rememoro cómo el cansancio puede ser mitigado gracias a la gentileza, la de las gentes del restaurante Albaroque de Samos. Marcel, el peregrino alemán. Su camino comenzó en Colonia: Más largo y profundo es el camino de su sonrisa. Peregrino de invierno. Todavía en otoño. Sebastián “el gentil”, peregrino peruano de Puerto de Paita, Piura. Juan José de Salamanca y su perra Lua (descendiente de los Akita Inu). José, del Castillo del Lobo en San Xil. Él me regaló una palabra: tenacidad. También un ágata, y con ella, armonía y equilibrio. Encuentros del Camino: María, la princesa del Camino (diez años) y sus padres Juan Tomas y Beatriz, de Madrid. Ellos me obsequiaron con un don: el alivio. Serge de Paris, peregrino eterno. Iba y venía, de continuo (non stop). Munia, peregrina italiana de Roma, la Ciudad Eterna. Buscadora incansable, también portadora de un bien preciado: tiempo para conversar. Ya en Fisterra, Pedro, francés de Paris. En su día me contó que fue uno de los líderes en la Facultad de Derecho en el mayo del sesenta ocho. ¡Amén!