jueves, 8 de noviembre de 2018

SAKA DAWA III


The "mala" or "yapa mala" is a rosary beads that has 108 beads. In budism and hinduism, the number 108 has a mystical importance, because it is considereated a perfect three digits number, mutliplies by 3 and its addition equals 9, which is 3 times 3.
It is used in the budistic tradition, mainly in tibetan schools, for mantras praying.

"I will pick up every pray until the end of the times, my pilgrim soul will raise them to heaven. Join your hands and open the doors of Shambhala. Leave the Rainbow give colour to your lives".                                                                                                                                                                                                   
                                                                                         J.R. Llavori Romatet 

La mala o yapa mala es un rosario que posee ciento ocho cuentas. En el budismo y en el hinduismo, el número ciento ocho tiene una importancia mística, ya que se considera un perfecto dígito de tres cifras, múltiplo de tres, cuya suma de sus dígitos es igual a nueve, que es tres veces tres.
Es usado en la tradición budista, principalmente en las escuelas tibetanas, para la recitación de mantras.
                                                                                                                            (WIKIPEDIA, La Enciclopedia Libre)

“Recogeré hasta el fin de los tiempos cada oración, y mi alma peregrina las elevará a los cielos. Unid vuestras manos y abrid las puertas de Shambhala. Dejad que el Arco Iris dé color a vuestras vidas”.
                                                                                                                                                               J.R. Llavori Romatet


















jueves, 18 de octubre de 2018

ZUMAIA, UNA LUZ EN EL CAMINO DEL NORTE- ZUMAIA, A LIGHT ON THE WAY TO THE NORTH

Tener una idea interiorizada de la naturaleza impermanente de nuestro cuerpo nos permite apreciar mejor el tiempo y el momento presente. Reconocer lo que somos y en este mismo sentido aprender a relacionarnos con las cosas sin aferrarnos demasiado a estas.


“La impermanencia es la cualidad central de la existencia. Todo cambia. Nada se mantiene igual”. 

(De las Escrituras Eremitas)


En el Movimiento Universal nada tiene comienzo; tampoco final.

Doy mis primeros pasos con los albores del día. Aprecio cómo su luz va cambiando, pero es mi guía.

Yendo por Arrukale, se llega a un punto de nombre evocador: Ama Birjiña Bista. Antiguamente, antes de que construyeran el Castillo de Foronda, se podían contemplar desde aquí la ermita de Arritokieta, la parroquia de Zumaia, la ermita de Santiago, y a lo lejos, y con el monte raso, la iglesia de Askizu, la iglesia de San Miguel de Artadi y la ermita de San Lorente.

Este nombre tan evocador, curiosamente, se repite en un promontorio cercano del barrio de Elorrixa. Desde este punto se pueden contemplar la iglesia de Itziar y la ermita de Elorrixa. También la iglesia de Arrona Arriba, la ermita de Ibañarrieta y, por último, la ermita de San Lorente.

Pero volvamos atrás. 

Una vez pasado el barrio de Gautxori, las primeras pendientes nos acercan al caserío Iparre. Cerca de allí, debajo de un roble, hay un pequeño monolito de cemento en recuerdo de Esteban. En él se lee: El Sol necesita la Luz, las Alas el Viento del Norte…

Seguimos ascendiendo. La mañana nos regala sus mejores vestimentas: doradas y evocadoras, de cierta languidez, por su brevedad.

La pendiente continúa. Aparecen ante nosotros el caserío Sarrondo y su pequeña higuera a la izquierda, al borde del camino. Sus frutos más pequeños son pura dulzura: hidromiel, creo yo…

- Que no nos vea el casero. Con razón puede enfadarse.

Sus hojas han comenzado ya a enmarronarse: la impermanencia camina cerca de nosotros.

Después, el caserío Endañeta. Desde su pórtico salen a nuestro encuentro ladrando la perra Beltxi (Negra) y su hija Manuelita. Son fruto del mestizaje. Lo digo por su raza: “ratoneros”; para mí indefinida, pero de cierta belleza. Y seguimos subiendo, aunque la cuesta parece un “falso llano”. Porque no es llano; sigue siendo cuesta.

En los prados cercanos al caserío San Martin, las “limusin” (raza de ganado rubio-rojiza y elegante) nos observan con ojos de esfinge. Aprovechándose de sus bostas, una bandada de níveas garcetas (hoy he contado veinticuatro) se alimentan de los invertebrados que se reproducen en ellas. Por supuesto hablo de las bostas. ¡Buffet libre!

Son aves asustadizas que levantan el vuelo a nuestro paso, y su evolución aérea y silenciosa es todo un espectáculo. Entre sus plumas se irisa la luz de la mañana. Seguimos con la impermanencia.

El caserío Saskarate queda ya a nuestras espaldas; más adelante aparecen el caserío Andika y, a lo lejos, el caserío Pikote, entre dos lomas. La sombra de nuestro cuerpo, que antes iba delante de nosotros, ahora va en el lado izquierdo. Impermanencia: es su consecuencia.

En un continuo aparecer, aparece el caserío de Agerre y, más adelante, el de Santa Klara. Este lugar tiene como virtud primordial ser una atalaya para hacer sentir cómo dentro de nosotros surge la belleza: la belleza del Mar Cantábrico. A sus pies, Zumaia. El caserío Amets-Mendi, también en otro altozano, tiene similar virtud. Me imagino desde aquí las luces del amanecer, las de la puesta del sol, y las luces de las estrellas en una noche de luna llena… Respiro profundamente: todo cambia.

Cerca del camposanto, a la vera del Camino, hace un tiempo, Manuel Mari Garate esculpió una roca de granito y le dio forma de monolito: Setecientos sesenta y tres (en números) km, Done Jakue Bidea (Camino de Santiago) y una flecha en dirección a Compostela.

Dejamos a un lado la ermita de Arritokieta, una de las vírgenes del camino y, bajando por una senda de hierba, llegamos a Kastor Enea. Dejándola a la derecha seguimos bajando, y entre barro y rocas kársticas alcanzamos el caserío Ardantza en Ardantza Bide, ya cerca del final de la mañana. 

Más adelante, por un camino de tierra y piedras, después de Ardantza Bide, llegamos a Algorri; una cala de piedra. Antiguamente en Zumaia se la conocía como la playa de los Curas; creo que también era la playa de las Monjas. Y después de subir una pendiente, cresteando por los acantilados del Flysch, también llamado Aitzgorri, llegamos a la ermita de San Telmo. Y desde este lugar a mi casa.

- No voy: Vuelvo; siempre vuelvo.

Ha quedado un relato, digamos, algo extenso. Para mis amigos de habla inglesa, les recomiendo “un” copia-pega, y gracias a este enlace que aquí acompaño tendrán una buena traducción, casi fidedigna.

There's a story left, let's say, something extensive. For my English-speaking friends, I recommend "a" copy-paste, and thanks to this link that I accompany here will have a good translation, almost reliable:


Esta vez no hay música. Seguramente “ella” aparecerá sin partituras dentro de todos nosotros al contemplar las imágenes. Aunque quizás iría muy bien el Dueto de Adán y Eva de la Creación de Haydn.





















lunes, 24 de septiembre de 2018

OLARRO EGUNA-EL DÍA DEL PULPO- THE OCTOPUS DAY



Quince de septiembre: Olarro Eguna, el Día del Pulpo. El único que se lo pasa mal ese día ya saben quién es… Pero bueno; qué se le va a hacer. 
La Plaza de Abajo, la Calle Ribera, la Plaza de Amaia, el Paseo de Gernika. Son como una senda toda llena de aromas y de volutas, que antes de llegar al cielo, hacen que las membranas olfativas se conviertan en lugares parecidos al paraíso.
En otro lugar de la fiesta, en  la ría del Urola, se dirimen batallas incruentas, con algún abordaje de por medio. Pueden parecer escenas de contenido cómico. Pero no hay nada más serio que el trabajo de los remeros al intentar enfilar los bateles para llegar a buen término.
Y a Nana, la chihuahua, aun siendo tan jovencita, de momento no le gusta el zumo de manzana fermentada; burbujeante al romperse contra las paredes del vaso (¡horroreran de plástico!). Color pajizo, pero más cercano al oro que a la paja seca. Refrescante en  boca y picor estimulante en todos los sentidos.
Y muchas más cosas: Artesanos y rederas. Música de canto, alegre trikitixa y los txistularis de alborada en alborada. Puestos de productos de calidad, de alta gastronomía; sin artificios. Pero sobre todo, buen ambiente. Va terminando el verano… ya vendrán otros.

Fifteenth of September: Olarro Eguna, the Day of the Octopus. The only one who has a hard time that day already know who he is... But well, what's he going to do? 
The Plaza de Abajo, the Ribera Street, the Plaza de Amaia, the Paseo de Gernika. They are like a path full of aromas and scrolls, which before reaching the sky, make the olfactory membranes become places similar to paradise.
In another place of the party, in the estuary of the Urola, bloodless battles are settled, with some approach in between. They may seem like scenes with comic content. But there is nothing more serious than the work of the rowers as they try to lead the battles to a successful conclusion.
And Nana, the Chihuahua, even though she's so young, doesn't like fermented apple juice at the moment; bubbling when it breaks against the walls of the glass (horror, they were made of plastic!). Straw-coloured, but closer to gold than to dry straw. Refreshing in the mouth and stimulating itching in all senses.
And much more: Artisans and nets. Music of song, happy trikitixa and the txistularis of dawn in dawn. Stalls of quality products, of high gastronomy; without artifices. But above all, good atmosphere. Summer is coming to an end... others will come.

Zumaia gogoan dut, bere ur nahasien soinua, bere lurrin sakonak. Itzurungo uretan ikasi nuen igerian, Itzurungo bazterretan. Trikitixa soinua Bildu zen nire oroimenean, eta bertan, nire buruarekin berriro bat egin nuen. Mila esker Zumaia.
Recuerdo Zumaia, el sonido de sus aguas revueltas; sus aromas profundos. Aprendí a nadar en las aguas de Itzurun, en sus orillas. El sonido de la trikitixa se asentóen mi memoria y allí me encontré conmigo mismo. Gracias Zumaia.
I remember Zumaia, the sound of its turbulent waters; its deep smells. I learned to swim in the waters of Itzurun, on its shores. The sound of the trikitixa was recreated in my memory, and in that, my whole being became one. Thank you Zumaia.